Teo, el mapache | Mini Peluche Handmade

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Había un lugar donde era más importante lo que aparentabas, que lo que valías de verdad.

Un lugar donde el egoísmo se vestía de gala, y era la mejor cara de todos los que ahí habitaban.
Un lugar, sin más, un lugar.

Entre sus sombras vivía un pequeño mapache, tan peludo y singular como cualquier mapache. Todos les llamaban Teo, un joven decidido a cambiar, a liberarse. Desprenderse de todo aquello que sobraba en su vida. Había llegado a un punto donde desperdiciaba sus días aparentando, haciendo lo que los demás quería y no lo que él sentía. En un lugar así, cambiar no era fácil, y él estaba a escasos minutos de entenderlo.

Aquel era un día normal, un grupo de amigos charlaban, o mejor dicho fanfarroneaban, cuando de la boca de Teo salieron palabras sin sentido, simple palabras que dichas a los cuatro vientos herían más que las balas. Y es que sentado, con cierto aire de superioridad, Teo destrozaba con palabras una verdadera amistad, una sincera.

Por un micro segundo, pensó que tenía el derecho de opinar sobre la vida de otro, la de su amigo, su mejor amigo. Hablar de él pero sin él, obviamente. Se había tomado la licencia de divulgar detalles íntimos como vagos, dejando destrozada su imagen e integridad. Qué había pasado por su mente, ni él lo sabía. Se había dejado llevar por la embriagadora noche. Y las estrellas, que servían de farolas, habían sido testigo.

Así rompió una amistad, destrozó la confianza de aquel que tanto le había apoyado, pero lo más triste, aplastó, cual gigante a una hormiga, lo más sincero y real que tenía en su vida.

Teo lo entendió inmediatamente, comprendió que había fallado, pero él sabía que el arrepentimiento no era suficiente, entendía que la confianza era tan delicada y frágil que es casi, casi imposible remendar. Pero sabía que debía hacer algo.

Se adentró al bosque, se alejó de todo lo que le era familiar, él presentía que si había algo que deseaba cambiar tendría que hallarse en un ambiente diferente, un lugar que le ayudara y le permitiera transformarse.

Así es como tomó rumbo a un destino desconocido, a un punto donde su mayor aventura sería reencontrarse a sí mismo, y hallar aquella verdad que había perdido.

De dónde venía, ni a dónde iba era importante, porque el cambio debía ser él.

En soledad, Teo se dedicó a descubrirse. Sabía que había actuado mal, sí que lo sabía, pero para aceptarlo debía entender la razón, sólo conociendo el problema a profundidad, sería capaz de superarlo.

Después de un tiempo, muchas horas de desvelo, empezaba a comprender lo frágil que era y cuánto le había influenciado todo lo que le rodeaba, había entrado en el juego de las apariencias, la hipocresía y la deslealtad. No había sido su intención, pero  se había permitido jugar aquel juego.

Que difícil era hacer lo correcto, qué difícil pero necesario era. En aquel momento, Teo comprendió que debía dejar de ser egoísta, de dejarse llevar por los demás, que debía pensar antes de actuar. Que sí para encajar en un grupo tenía que pisotear la verdadera amistad, es porque él no pertenecía a él, y nunca pertenecería. Teo había aprendido a ser un espíritu libre, tan libre y ligero como el viento.

Cuánto le había robado aquella lección. Aquella amistad, aquella sincera amistad le había regalado a Teo la certeza de saber que a veces ser diferente al resto está bien.

Un aplauso a la imperfección, y un aplauso aún más grande para todos aquellos que rasgan dentro de sí para hallar su verdad, la verdad de la vida, de las cosas.

Feliz miércoles a todos ❤

By Vane

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