Una princesa brillante

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En un mundo donde ser el mejor y el más fuerte es lo importante, ser niña era complicado. Y si a eso le sumas que la pequeña se crea princesa, convierte la historia en un gran problema, porque para los ojos de sus padres y del África donde nació era imposible ser brillante y princesa, puntos incompatibles por naturaleza.

Unos pequeños y hermosos ojos fue lo primero que vio su madre cuando nació, ya en ese momento se podía notar su delicadeza y candidez. Esos primeros minutos provocaron en la recién estrenada madre sentimientos encontrados, por la dulzura que desprendía la pequeña y el golpe de realidad que le hacía recordar que ser niña no sería fácil.

Fue entonces, junto a su padre, cuando decidieron convertirla en la más brillante de todas, que fuese tan inteligente que venciera cualquier obstáculo que se le presentara, pero lo más importante, evitar con todas sus fuerzas que la pequeña Isabella se creyera princesa.

Para ellos, ser princesa era sinónimo de tonta, infantil y sin oficio, cualidades que nadie quisiera para sus hijos.

Bajo aquellas condiciones creció, entre estrictas reglas que hicieron de ella una joven correcta, inteligente y audaz. Pero su naturaleza no se podía ocultar, en su corazón se sentía princesa, una delicada y hermosa princesa.

En momentos de soledad se preguntaba, a sí misma, por qué era tan malo, por qué aquella palabra aterrorizaba tanto. Y fue cuando se percató que el problema no era la palabra en sí, si no quien la definiera, después de tantas lecturas a lo largo de su vida, había entendido que cada uno ve el mundo desde sus valores y creencias, y lo juzgan en base a ellas. Pero y qué pasaría si todos intentarán ver el mundo desde otra perspectiva, como aprendió ella.

Había encontrado su propio significado, para ella ser princesa no sólo se basaba en esperar a un príncipe en una torre, no que va, ella esperaba más.

Ella se sentía princesa, porque se sentía hermosa, generosa, pero lo que más le gustaba era sentir que era capaz de lograr sus sueños, que tenía suficiente fuerza para luchar por ellos… Y es que siempre las historias de princesas acaban con un final feliz. A veces un final feliz porque se aprende algo muy valioso, aunque haya costado sus lágrimas llegar a él, un final feliz porque se descubre verdaderos amigos, o un final feliz porque se ayuda a otros, y por qué no, hasta un final feliz porque se encuentra el amor en un príncipe azul o en el amigo de toda la vida.
Y es que sentirse princesa le regala a Isabella fuerza y valor para volar tan alto como quisiera, le regalaba cosas positivas y restaba las negativas. Le había demostrado a los escépticos que se debía tener fe en los demás y por supuesto que se podía ser princesa y brillante a la vez.

Y es así como una Minis logró vencer los valores que le habían inculcados y crear su propia historia, una donde no se juzgaba por las apariencias ni se ponía etiquetas.

Con Isabella y su historia damos gracias a la vida por todos los finales felices que nos ha regalado.
^_^

By Vane

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