Más allá de tus ojos

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En algún lugar de la colorida Australia, donde abundan los eucaliptos, había un Minis de nombre Tom, que con mucha, pero muuucha paciencia buscaba su nuevo hogar, donde viviría con el amor de su vida, aunque aún no la conocía. Ey y no es que fuese perezoso, es que era un koala, uno muy mono, eso sí.

Entre noches de búsquedas y días de descanso, Tom halló lo que sin duda era un lugar ideal. Aquello era el paraíso, a simple vista es lo que parecía, un paraíso. Cuando se encontraba detallándolo, apareció repentinamente, un atlético, mal encarado y alto joven que entre grandes salto se acerca.

-¡Un canguro!- Exclamó muy bajo.
Esto cambiaba todo el panorama, porque aquella visita significaba una pelea por el territorio, el que tanto le había costado encontrar. Los abundantes árboles, y las sombras que aportaban lo convertían en el lugar ideal, así que sacarle de ahí no sería tarea fácil.

Inmóvil, aproximadamente por una hora, en un robusto árbol, Tom ideaba la forma de convertirse en el macho dominante de lo que sería su nuevo hogar.

Pensaba en su plan de ataque, el ángulo más seguro y que dejase indefenso a su contrincante, pero al fijarse bien en su presunto enemigo desechó la idea, físicamente era imposible. Tom sabía que no se debe entrar en guerras que de antemano sabes no puedes ganar.

Automáticamente pasó a su siguiente plan, ahuyentarlo. Tres ideas maquinaba, a la vez, en su cabeza. Pero al girarse y fijarse nuevamente en el joven canguro se percató de lo audaz y listillo que era, nuevamente estaba sin ofensiva.

Casi derrotado y entrando en pánico, el pequeño koala recordó que aún contaba con un as bajo la manga; las palabras (sí sí sé que suena trillado, pero vamos las palabras son el arma más poderosa, aunque los humanos lo olviden continuamente). Esto lo había aprendido Tom desde muy pequeño, le enseñaron la importancia de las palabras, el poder que tenían, siempre y cuando supieses su significado y el momento idóneo para decirlas.

Con los argumentos en su mente, muy despacio, se dirigió hacia el atlético vecino, mientras más se acercaba, más grande veía a éste y mayor era el miedo de Tom el koala, pero aún así continuo, no se rindió y es que de aquello dependía su vida.

Una vez a su lado, frente a frente, con sus piernas temblando y la voz entre cortada, habló para llamar la atención del canguro, al éste girarse y mirarle fijamente a los ojos, Tom pudo notar que detrás de aquel tamaño había una mirada dulce y amigable, lo que permitió que poco a poco se relajara y se sintiera cada vez más cómodo.

Finalmente no hubo pelea, ni siquiera la necesidad de dividir el lugar, porque los dos sabían que podían convivir compartiendo, porque el mundo es de todos y no de unos pocos.

Así fue como empezó una linda amistad entre un canguro y un pequeño koala, y es así como se han escrito millones de historias en el mundo, historias que empezaron por juzgar las apariencias. Historias que han enseñado a muchos a brindarse la oportunidad de conocer realmente el alma de las personas.

Quizás, sólo quizás, si lo pusiésemos en práctica tendríamos en nuestra vida más días llenos de gratas sorpresas que de grandes decepciones.

Regalémonos más sorpresas gratas.

^_^

By Vane

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